También se puede perder el tiempo de forma metódica: entregarse a la dispersión, a la inquietud, al hastío, consciente de toda la tarea que queda por delante. Como un trabajo, un proyecto personal que renuncie por sistema a la utilidad, el placer y el foco. Un esfuerzo titánico al alcance de un puñado de mentes privilegiadas, ¿quién puede perder el tiempo todo el tiempo?
23/7/21
Spleen
14/7/21
Mapas
Amo los libros que no terminan en sí mismos, los libros que no son un destino sino un punto de partida. Libros como mapas, como estrellas en el cielo, como brújulas enloquecidas. Como agujeros negros. Con libros y canciones e imágenes orbitando a su alrededor. Como conjuros en el claro de un bosque. Libros que invocan otros libros.
19/5/21
Persiana
Ni libros, ni discos, ni spots, nada me ha hecho sentirme tan orgulloso de mí mismo como arreglar una persiana.
5/4/21
Media hora tarde
Fue bajando la calle Lavapiés cuando me llamó la atención la voz de un hombre a mi espalda. No me asusté porque era mediodía, pero el hombre gritaba y reía y se lamentaba como para hacerlo. Pensé que tal vez hablaba por teléfono con alguien, qué conversación extraña. Voy a ser famoso, decía. He escrito un libro, dijo después, y eso sí me sobresaltó. Me giré sin dejar de caminar. ¿Has escrito un libro? Famoso, respondió riendo. El hombre era de un negro denso que contrastaba con los colores brillantes de su camiseta de fútbol. Mi mente valoraba posibles orígenes geográficos: Jamaica, Congo, Camerún. Llegaba tarde y decidí aligerar el paso. Estará borracho, pensé. O loco. Estoy solito y nadie me quiere, gritó. Parecía una burla. De pronto me asaltó una idea escalofriante: el hombre no estaba borracho ni loco, sino en trance. Me acordé de aquel rito yoruba. Me pregunté si el jamaicano me estaría parodiando, si sus gritos serían una teatralización burlesca de mis bucles mentales. Pensé en girarme de nuevo y preguntarle algo, pero la calle pareció inclinarse unos grados más y me alejé de él, seguí caminando sin mirar atrás, con mi hija de la mano.
16/3/21
17/2/21
Pobreza
1/2/21
Reincidencia
Hacía mucho tiempo que no robaba nada, puede que décadas, pero el otro día fui al Lidl con prisa y prescindí de carro o de cesta para ir más rápido y, también, para contener el impulso de compra, que debía limitarse quisiera o no a lo que eran capaces de abarcar mis brazos. Sin embargo, de camino a la caja, al ver que peligraban las botellas de vino y el frasco de miel, pues cargaba además con una colección de tuppers, una barra de pan, uno gofres holandeses y unas tabletas de chocolate, opté por guardarme estas últimas en el bolsillo trasero del pantalón. Solo recordé que seguían ahí al cruzar el arco de salida y oír la alarma, pero ya era demasiado tarde, y seguí, seguí caminando con mi formidable botín, mis dos lingotes de chocolate con almendras.