11/12/20

Coronahaiku 1

Puestas las gafas

cae la niebla en la calle.

La mascarilla.

Likes

De vez en cuando, sospecho que no soy el único, le doy un like a algo, digamos a un tuit, un comentario en facebook o una imagen en Instagram, y me pregunto, a medio redoble de pulgar, por qué. No por qué me gusta sino por qué lo manifiesto, y por qué lo manifiestan todos los demás. Se me ocurren varias posibilidades:

a. Te gusta, y das like para exteriorizar tu agrado, con la naturalidad con la que alguien asiente al escuchar una idea con la que está plenamente de acuerdo.

b. Te gusta y quieres que el autor lo sepa. O que sus seguidores lo sepan. O que tus seguidores lo sepan.

c. No te gusta, pero le das like por educación, como quien sonríe ante un chiste sin gracia para no herir los sentimientos de su interlocutor.

d. No te gusta, pero quieres llamar la atención del autor o de sus seguidores.

Desde luego, no creo que todos los likes sean iguales, ni que todos sean meros reflejos digitales de un gusto real. Quizá un día lo sean. Quizá un día, monitorizados por sensores y algoritmos que obtengan información precisa sobre nuestro ritmo cardíaco o nivel de endorfinas y serotoninas en tiempo real, los likes se efectúen de manera automática. Sería interesante ver las consecuencias sociales de semejante avance tecnológico, algunas posiblemente fatales o, cuando menos, contraproducentes. Porque también la ausencia de like puede deberse a distintos motivos:

a. No te gusta.

b. No te gusta y no das like, aunque en circunstancias normales, se lo darías por educación.

c. Te gusta, pero te da pereza mover el pulgar, o cuando le ibas a dar el like, ya estás en otra publicación, se fue el tren.

d. Te gusta, pero quieres llamar la atención del autor ignorándolo con tu silencio.


Y esta es mi pequeña introducción al fascinante mundo de la paranoia y la neurosis. De nada.

14/10/20

Ayuno

Dos días completos sin leer la prensa, sin entrar en Twitter, sin ver la televisión. Dos días sin insultos parlamentarios, sin manipulaciones populistas, sin ofendidos con antorchas, sin hashtags reivindicativos. Dos días sin anécdotas de vida o muerte. Dos días sin bulos virales, sin chistes crueles, sin comentarios sarcásticos. Dos días van en los que no he visto siquiera un fascista. Dos días sin ruido, sin agitación, sin efervescencia. Sin levadura. La actualidad es tan volátil y delicada que sin nuestro aliento y atención continuos se evapora en un instante, y queda solo la vida sencilla y corriente de uno y la de quienes lo rodean. La vida sin aditivos. Menos esponjosa, menos vistosa. Mucho más nutritiva. Incomparablemente más digestiva.

8/10/20

Palabras

Una pelea de parque termina con un niño de 4 años gritándole a otro "¡Me cago en to's tus muertos!", lo que lleva a su madre a intervenir sin dilación. ¡Qué has dicho!, grita presa de la ira, ¿desde cuándo dices eso? Desde que alguien me pega, contesta el niño. ¡Estás jugando y el juego es así, es lo que hay! Pero ¿de dónde coño has sacado tú esas palabras? ¡Que digas coño, mierda o gilipollas vale, porque lo digo yo, pero como vuelva a escucharte eso te juro que te cruzo la cara como nunca te la he cruzado! ¡Ahí vas a saber lo que es tu madre enfadada! El niño, sabiamente, guarda silencio. Pero aún no es tan sabio como para ocultar la furia en su mirada. Relaja esa cara, dice la madre, a mí me miras de otra manera. Y enseguida añade: Ay, me cago en tu padre, ven a darme un beso. ¡Y ponte bien la mascarilla!

6/10/20

Agenda

Entre la astenia primaveral, el aplatanamiento estival, la apatía otoñal y el entumecimiento invernal, estamos apañaos.

5/10/20

Chocolate

El niño sigue a su madre por los pasillos del supermercado gritando en bucle "¡Chocolate, quiero chocolate! ¡Chocolate, quiero chocolate!", y en la cola de caja, el suceso enseguida da pie a dos viejas para entablar conversación. Desde luego, hay que ver, dice una. No deja a la madre tranquila, dice la otra. Y ya sintiéndose respaldada, la primera exclama: ¡Me dan ganas de matarlo! Luego las dos viejas se quedan en silencio meneando la cabeza y mordiéndose los labios de la rabia. Quizá habrían proseguido la charla de no ser porque a una de ellas le llega ya el turno de pagar, y se aleja a paso decidido, deteniéndose solo un instante, el tiempo justo y necesario para añadir a su cesta una tableta de chocolate.

30/9/20

Anacronismo

Vi hace unas semanas a un viejo plantado en la acera totalmente desorientado, como si acabara de despertar de un coma. Vestía camisa, pantalones de pana y una mascarilla azul, y consultaba obsesivamente su reloj de pulsera de acero inoxidable. Y me dije que ese hombre miraba realmente a su alrededor como si viniera de otra época y no entendiera nada. Y después recuerdo que pensé: ¿Habrá gesto más anacrónico que el de alzar la muñeca para ver la hora? Y en ese momento me pareció un aforismo  redondo y perfecto como un engranaje suizo, pero más tarde caí en la cuenta de que cada vez más gente lleva reloj inteligente y me invadió el desánimo. Jode mucho cuando la realidad no encaja con una idea brillante. Espero que se retracte.